Ya viene el bebé
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Lo prometido es deuda, así que me he propuesto contarte mi parto lo antes posible para no olvidarme de nada. Pero, como te habrás dado cuenta en el título, voy a necesitar varias entradas para hacerlo, porque todo empezó un domingo por la noche ¡y Jorge no nació hasta el martes por la mañana! Pero tranquila ¡no tuve contracciones todo el tiempo! Empiezo por el principio.

Una mañana ajetreada

Como te decía, todo empezó un domingo por la noche. Estaba de 38 semanas y habíamos pasado todo el día de excursión con unos amigos visitando un pueblo a hora y media de casa. Fue algo intenso, porque paseamos durante toda la mañana, pero me encontraba bien, así que disfruté del día.

Por la tarde, mientras visitábamos un museo, noté mis braguitas un poco mojadas. La verdad es que me empecé a agobiar un poco, pensaba “Uy, como haya roto aguas… acabamos de entrar y ya nos tenemos que ir, que faena para mis amigos”. Ya ves ¡en vez de pensar que estábamos a hora y media del hospital!

Fui al baño y comprobé que sólo había expulsado el tapón mucoso y, como llevaba ya semanas expulsando trocitos y había leído que su expulsión no significa que estas de parto, me quedé tranquila y seguimos con la visita.

Creo que estoy perdiendo agua

Cuando volvimos a casa me puse a ordenar cosas, llevaba ya varios días que no conseguía parar quieta cuando estaba en casa ¡necesitaba tenerlo todo listo! Empecé a notar mis braguitas mojadas otra vez, pero esta vez no había tapón mucoso por ninguna parte… Estuve leyendo en Internet y llegué a la conclusión de que sólo había dos posibilidades: o era flujo o era líquido amniótico ¡porque tenía claro que no eran pérdidas de orina!

Estaba un poco nerviosa, así que decidí darme una ducha para relajarme y ponerme unas braguitas oscuras para averiguar si estaba perdiendo agua o solo era flujo. Había leído que si al secarse la braguita está blanca es porque es flujo, y si no huele a nada es líquido amniótico.

No me hizo falta mucho tiempo para darme cuenta de que aquello no era flujo, ni dejaba mancha ni olía a nada… así que se lo dije a mi marido y le expliqué que en las clases de preparación al parto me habían dicho que si eso pasaba había que ir al hospital

Estaba tan nerviosa que me empeñé en cenar por si me ponía de parto ¡para tener fuerzas durante toda la noche!

Confirmado ¡Jorge ya viene!

Al llegar al hospital le expliqué a la matrona de guardia lo que me pasaba, así que me tomaron una muestra del líquido que perdía y le añadieron algo que si se ponía azul indicaba que era líquido amniótico. Como imaginarás, se puso azul. Pero no había roto aguas, sólo tenía una fisura que hacía que gotease un poquito.

Mientras estaba tumbada en la camilla esperando el resultado de la prueba, me empezó a entrar el pánico ¡no me sentía lista para el parto! ¿y si no sabía empujar? Esa tremenda tontería era la que me atormentaba ¡todo el mundo sabe empujar! El dolor era algo que no me preocupaba en absoluto, ya había visitado al anestesista e iban a ponerme epidural, así que estaba controlado ¡Ilusa de mi! Pero eso os lo contaré más adelante, vamos por partes.

Me examinaron y monitorizaron a Jorge, todo estaba bien pero yo no tenía contracciones y solo había dilatado 1 centímetro, así que no estaba de parto. Me explicaron que si no me ponía de parto en 24 horas, me lo provocarían, porque perder agua durante más tiempo suponía el riesgo de que Jorge cogiese una infección. Además me pusieron una vía y me inyectaron amoxicilina, un antibiótico para impedir la infección. Hasta que Jorge nació continuaron dándome antibiótico cada 8 horas para protegerle.

Esa noche ya me quedé hospitalizada. Como podéis imaginaros ¡no dormí prácticamente nada!

Para saber qué pasó el día siguiente tendrás que esperar a otro post ¡Jorge me reclama!

Actualización: la historia continúa en Así fue mi parto II: Tratando de dilatar

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