Aliviar las contracciones con una pelota de pilates
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Si hay una imagen que resume este periodo del parto (desde que empezaron las contracciones hasta que empecé a empujar) es esta de una pelota de pilates.

Durante las casi 15 horas que duró mi parto, la pelota de pilates que me dejaron en el hospital para aliviar las contracciones fue mi mejor amiga. La paseé por todo el hospital, me acompañaba a todas partes y, aunque en mis clases de yoga prenatal era bastante escéptica sobre su utilidad, me ayudó mucho a soportar el dolor.

¡¿Esto son contracciones?!

Como te contaba en Así fue mi parto II: Tratando de dilatar, me colocaron un tampón de prostaglandinas para provocar el parto. Era más o menos las 7 de la tarde y volví a la habitación para cenar (¡los horarios de comidas del hospital eran demasiado franceses!) Mientras cenaba empecé a notar un dolor bastante continuo en las nalgas y la parte trasera de los muslos, ilusa de mi pensé que se me había hecho una contractura por los nervios, porque el dolor no se parecía a nada de lo que había leído sobre las contracciones ¡ni en la forma ni en la zona!

Fue mi madre quien, por teléfono y después de decirle que me dolían el culo y los muslos, me dijo “Anda, hija, llama a la matrona que estás de parto”. ¿Por qué nadie nos explica que las contracciones no sólo se sienten en los riñones o en la tripa?

Mientras esperaba a que la matrona me llamase a la sala de partos para monitorizarme, saqué mi móvil y puse en marcha la aplicación que me había bajado para ir controlándolas, y no entendía nada: mis contracciones eran cada 2 minutos ¿cómo podía ser? ¿cuánto iba a durar eso? Ay, pobre de mi… ¡15 horas!

A partir de aquí tal vez no debas seguir leyendo si todavía no has vivido un parto… te adelanto que el mio fue duro, aunque por suerte todo fue muy bien y ahora al recordarlo me siento muy orgullosa de todo lo que viví. Pero bueno ¡allá tu si decides seguir leyendo! :p

Mi pelota y yo

Cuando por fin me llevaron a monitores, me dijeron que todo estaba bien, pero que de momento llevaba dilatados sólo 2 centímetros y había que esperar. Me dieron la pelota de pilates para aliviar las contracciones y me mandaron de vuelta a la habitación ¡por suerte ya no la teníamos que compartir!

No sé cuánto tiempo pasó desde la vuelta a la habitación hasta que mi marido fue a decir que ya lo estaba pasando muy mal y me llevaron de nuevo a la sala de monitores para ver cuánto había dilatado. Lo que sé es que las contracciones seguían viniendo cada dos minutos, que sólo las aguantaba encima de la pelota y con los masajes de mi marido en los riñones (el dolor había subido a la zona lumbar), que estaba agotada porque la noche anterior a penas había dormido y que sólo podía pensar en que quería la epidural ya ¡esa que antes de estar embarazada siempre dije que no quería que me pusieran!

Volvimos a la sala de parto, un recorrido corto durante el que necesitaba parar un par de veces para subirme en la pelota porque llegaban contracciones ¡así de seguidas eran! Tras comprobar que sólo había dilatado 3 centímentros, me dijeron que todavía no podían ponerme la epidural y me ofrecieron la posibilidad de darme un baño caliente en la bañera que tienen para ayudar a aliviar las contracciones y ayudar a dilatar. Por supuesto, acepté, y creo que pasé allí metida más de una hora, mientras mi marido por fin pudo dar alguna cabezadita. Pero las contracciones seguían viniendo muy seguidas, y cada vez más fuerte, y al final me cansé de estar en remojo y salí de la bañera.

Dilatando muy despacio

Al salir de la bañera me dijeron que pasara de nuevo a la sala de partos para ver cuánto había dilatado, y mientras esperaba llegó una sorpresa de la que sí me habían hablado, los vómitos… tiré toda la cena, todo muy agradable.

La matrona miró cuánto llevaba dilatado y aquello seguía avanzando, pero muy despacio,así que me mandaron de vuelta a la habitación. Estuve allí hasta que mi marido volvió a llamar a la matrona para decir que ya no podía más. Esta vez no pude ir andando hasta la sala de partos, tuve que subirme a una silla de ruedas porque mis piernas no daban más de sí.

Aunque todavía no había dilatado los seis centímetros que recomiendan antes de poner la epidural, la matrona consideró que mis contracciones eran ya demasiado intensas para seguir aguantando ¡y por fin me la pusieron!

Cuando la epidural no funciona

Después de horas soñando con la epidural, por fin me la pusieron, y noté el alivio bastante rápido. El dolor fue mitigándose hasta casi no sentirlo y conseguimos dormir un poquito ¡qué falta nos hacía!

Pero a los 20 minutos me desperté porque el efecto empezaba a pasarse y comenzaba a notar de nuevo las contracciones, especialmente en la zona del coxis. Estuve aguantando, ya sin mi pelota porque con la epidural no me dejaban, pero cada vez me dolía más y volvimos a llamar a la matrona para decirlo.

Me aumentaron la dosis de epidural, pero ya no volvió a funcionar. Se me pasó el efecto de la anestesia en todo el cuerpo y la zona del coxis cada vez me dolía más. Como seguía dilatando muy despacio, la matrona decidió romperme las aguas para ayudar a que siguiera dilatando y liberar la presión que sentía en el coxis.

Pero eso tampoco funcionó para aliviar el dolor, había momento en los que sólo podía pensar en que quería que me hicieran una cesárea y le sacaran ya de ahí. Al final la matrona me examinó y se dio cuenta de que Jorge estaba mal colocado.

Hay que darle la vuelta

En lugar de estar mirando hacia la espalda, estaba mirando hacia la tripa, y se había atascado y no podía pasar, por eso dolía tanto. Por suerte la epidural no había funcionado y yo sentía mis piernas perfectamente, eso nos libró de usar forceps para girarle.

La matrona me devolvió mi querida pelota de pilates y me dijo que me pusiera a cuatro patas sobre ella y rodara adelante y atrás para hacerle girar. Estuve así un rato, y con cada contracción todo mi cuerpo temblaba de dolor. Chorreaba de sudor y mi marido estaba el pobre asustado de ver lo mal que lo estaba pasando ¡pero yo estaba motivadísima con esa tarea que me habían mandado! Centrarme en que Jorge tenía que dar la vuelta me ayudaba a soportar mejor el dolor.

Además, Jorge estaba bien ¡así que todo iba bien!

De nuevo la epidural

Al rato de estar con la pelota la matrona volvió a examinarme y nos dijo que Jorge se había dado la vuelta ¡Bien! Creo que me estaban viendo pasarlo tan mal que se dieron cuenta de que realmente algo no estaba funcionando con la epidural, así que llamaron de nuevo al anestesista para que viera si estaba todo bien.

Parece ser que la vía se me había salido o algo así, yo estaba en un punto en el que ya no me enteraba mucho de lo que me decían, sólo pillaba lo importante “se ha dado la vuelta”, “está bien”, esas cosas.

El caso es que el anestesista me retiró la vía y me puso otra, todo eso durante unas contracciones super seguidas y que seguían haciéndome temblar, así que me costó horrores no moverme mientras lo hacía.

Por suerte, la matrona me ayudó muchísimo a respirar y tranquilizarme para sobrellevarlo lo mejor posible. De hecho, cuando el anestesista salió nos dejó su móvil con música relajante para ayudarme durante lo que quedaba de parto.

En cuanto nos quedamos solos, y mientras respiraba como me había indicado la matrona, empecé a sentir muchas ganas de empujar ¡Jorge ya llegaba! Y ahí empezó la parte más dulce de mi parto, la que recuerdo con un gran cariño ¡y que dejo para el próximo post!

Actualización: la historia continúa en Mi parto IV: Ver por fin su carita.

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