Ha llegado el bebé
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Mientras estaba embarazada, cuando leía que durante el parto había un momento en el que te entraban ganas de empujar, y que era ahí cuando debías hacerlo, no terminaba de creérmelo ¡pero es completamente cierto!

Claro que yo, con falta de sueño y sin tener ni idea de lo que estaba haciendo, me aguanté las ganas durante varias contracciones porque nadie me había dicho nada, así de verde llegué al parto.

La música relajante seguía sonando, y yo seguía respirando de la forma más tranquila de la que era capaz cuando la maravillosa matrona de la que te hablaba en Así fue mi parto III: Empiezan las contracción volvió a la sala de partos y me preguntó si notaba ganas de empujar ¡y tanto!

Resulta que ya había dilatado por completo y llegaba el momento decisivo ¿sabría hacerlo? Era una pregunta que me había torturado durante todo el tercer trimestre. Sí, soy así de tonta.

¡A empujar!

Esa duda tan absurda se disipó rápidamente cuando la matrona me explicó, de forma bastante escatológica pero muy descriptiva, que debía empujar como si estuviese en el baño.

Después de preparar las luces, bajar la parte delantera de la cama y sacar los estribos, me pidieron que pusiese en ellos las piernas y, con la primera contracción llegó el momento de empujar.

Este era el momento que más miedo me había dado durante el embarazo, la idea de un bebé saliendo por mi vagina me parecía forzosamente dolorosa. Pero no lo fue. En realidad empujar supuso un alivio del dolor que me provocaban las contracciones. No voy a decir que no sentía nada, pero el dolor desapareció ¡no podía ser más feliz!

Empujé todo lo que pude durante un par de contracciones. Es curioso lo seguidas que me parecían las contracciones antes de empezar a empujar y lo larga que se me hacía la espera entre ellas cuando llegó el momento de expulsión.

La matrona me decía que ya veía la cabeza y me pidió la mano para que la tocase ¡Dios, que impresión! Lo hizo para motivarme, pero yo lo que pensé fue “¡esto por aquí no sale!”. Pero seguí empujando y, con ayuda de la matrona, Jorge empezó a salir.

¡Ya sale!

Solo unas 4 ó 5 contracciones después Jorge ya había sacado la cabecita y los hombros, y la matrona me preguntó si quería sacarle yo. Por supuesto, dije que sí ¡y no pudo ser más emocionante!

Coger a Jorge por primera vez, tira de él y colocarle en mi pecho fue increíble. Ver su carita, oir su llanto, sentir su piel… llevaba tanto tiempo esperando ese momento.

Así estuvimos un rato, practicando el piel con piel, que continuó su papá una vez le limpiaron, mientras a mi me ayudaban a expulsar la placenta y me ponían los dos puntos que hicieron falta para curar un pequeño desgarro.

Después le vistieron y le pusieron a mamar, ya que dicen que para que la lactancia funciones es necesario hacerlo lo antes posible.

Era ya medio día cuando nos dejaron volver a la habitación, y Jorge pasó el resto de día durmiendo. Y nosotros mirándole dormir 🙂

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